Por qué la mayoría de viviendas en España tienen una mala calificación energética
Más del 70% del parque inmobiliario español presenta calificaciones energéticas bajas. Analizamos las causas estructurales: antigüedad, materiales y ausencia de aislamiento moderno.
MEDIDAS DE MEJORANORMATIVA
6/11/20262 min read
España presenta un parque inmobiliario caracterizado por una baja eficiencia energética en comparación con otros países europeos. Esta situación no responde a un único factor, sino a una combinación de decisiones constructivas, antigüedad del parque edificatorio y ausencia histórica de criterios energéticos estrictos en la edificación residencial.
Una parte significativa de las viviendas actuales fue construida antes de 2006, año en el que entró en vigor el Código Técnico de la Edificación. Antes de esta normativa, los requisitos de aislamiento térmico eran considerablemente más laxos, lo que dio lugar a edificios con envolventes poco eficientes desde el punto de vista energético.
En muchos casos, estas viviendas carecen de aislamiento adecuado en fachadas, cubiertas y suelos, y cuentan con sistemas de carpintería antiguos, habitualmente de aluminio sin rotura de puente térmico o incluso con acristalamiento simple. Estas características provocan pérdidas energéticas constantes, tanto en invierno como en verano.
Como consecuencia, la mayor parte de estos inmuebles obtiene calificaciones energéticas bajas, situadas habitualmente entre las letras E y G. Este comportamiento energético implica un mayor consumo de energía para mantener condiciones de confort térmico, lo que se traduce en un incremento del gasto en climatización a lo largo del año.
En los últimos años, la Unión Europea ha impulsado programas de rehabilitación energética financiados parcialmente mediante fondos como los Next Generation, destinados a mejorar la eficiencia del parque inmobiliario. Estas ayudas se centran principalmente en la mejora de la envolvente térmica y la sustitución de sistemas de climatización ineficientes.
Sin embargo, a pesar de estas iniciativas, el ritmo de rehabilitación en España sigue siendo insuficiente para transformar de forma significativa el conjunto del parque residencial, lo que explica que la baja eficiencia energética continúe siendo una característica estructural del sector.
En este contexto, muchas de las mejoras que realizan los propietarios tienen un impacto real en el consumo energético, pero no siempre implican un salto de letra en el certificado. Por ejemplo, la sustitución de ventanas antiguas por sistemas modernos con doble acristalamiento y mejor transmitancia térmica puede reducir de forma notable la demanda energética de la vivienda, aunque en muchos casos esto solo se traduce en una mejora parcial dentro de la misma calificación, especialmente si el resto de la envolvente del edificio no acompaña.
Para alcanzar calificaciones más altas, como una letra C o incluso superiores, normalmente es necesario combinar varias actuaciones. Entre las más relevantes se encuentran la mejora integral del aislamiento térmico en fachadas y cubiertas, la sustitución de sistemas de climatización por equipos de alta eficiencia, y la incorporación de energías renovables como la instalación de paneles solares fotovoltaicos o sistemas de aerotermia. Es la suma de estas intervenciones la que realmente permite reducir de forma significativa el consumo de energía primaria y las emisiones, y por tanto mejorar de manera sustancial la calificación energética del edificio.
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